La honestidad, la cultura y la mano de Dios 

Mientras transcurría el minuto 51 del partido que se disputaba  entre Argentina e Inglaterra por los cuartos de final, durante el Mundial realizado en México en el año 1986,  Diego Armando Maradona convirtió dos de los dos goles más famosos de la historia.

El primero lo hizo con su mano izquierda, logrando burlar al árbitro central quien  convalidó el gol, mientras que el segundo lo realizó cuatro minutos más tarde, luego de partir desde la mitad del campo argentino y gambetear a cinco jugadores ingleses. Logrando así un gol realmente muy impresionante.

Pero lo que realmente me impactó, fue lo que sucedió fuera de la cancha. Una vez terminado el partido, un periodista se le acercó a Maradona y le preguntó si había convertido el primer gol con la mano. A lo cual Diego respondió: “Yo no la toqué, fue la mano de Dios…”.

¿Estaba La Mano De Dios en El Gol De Diego Armando Maradona?

Un año más tarde, Diego se mostró más prudente cuando un periodista de la BBC le preguntó sobre su gol con la mano: – “Fue un gol totalmente legítimo, porque lo convalidó el árbitro. Y yo no soy quién para dudar de la honestidad del árbitro”.

¿Usted no puede dudar de la honestidad del árbitro? ¿Y de la suya, señor Maradona?

Algunos llamaron a esto, que obviamente fue un fraude, “viveza latina”.

Puedo entender a Diego, ya que crecí en Latinoamérica. Y aunque no puedo negar que la honestidad existe, puedo sostener que en la actualidad estamos viviendo en “la cultura del más vivo”, donde no importa a quién tengamos que dañar, con tal de sacar algún provecho o ventaja.

No niego que existen cosas muy buenas en nuestra cultura, pero en el tema de la honestidad hay «mucha tela que cortar».  A eso se le llama “la  cultura del más vivo”.

Es ahí donde yo veo que nuestra fe se bifurca de la cultura. Mi fe me lleva a tener en alta estima al prójimo, a levantar los valores de Dios antes que los valores de la cultura.

Durante los últimos cuarenta año, he vivido en diferentes países y con cultura muy distinta a la nuestra. Y puedo afirmar, con total seguridad, que he visto que, si bien en esa sociedad nos encontramos con cosas negativas: como el materialismo descarado o el soberbio individualismo, la ley se hace cumplir y la honestidad es un tema de discusión permanente.

Destaco que, cuando llegué a Manitoba, Canadá, a fines de los ochenta del siglo pasado, me impresionó positivamente que  en las zonas rurales,  se podía obtener los productos que allí se cosechaban. A mi esposa y a mí nos gustaba ir a comprar miel y otros productos avícolas. Normalmente los campesinos vendían sus productos al aire libre , y muchas veces lo único  que había era una mesa con los productos, con sus respectivos precios . No había nadie que atendiera a los clientes, simplemente cada uno recogía lo que deseaba o necesitaba y luego depositaba el dinero en un recipiente que generalmente se encontraba en una esquina de la mesa, y si alguien necesitaba cambio, lo tomaba y luego se retiraba. Muchas veces me pregunté ¿qué sucedería si estas mesas estuvieran a la orilla de una de las carretera de nuestras ciudades, en América Latina? ¿Cuánto tiempo duraría el producto o el recipiente con el dinero?

Como seguidores de Jesucristo es nuestro compromiso promover una cultura de honestidad, que honre a Dios.

La cultura de deshonestidad no es algo nuevo.  Ya en la Biblia se habla de pesas o medidas falsas Pero en ella nos dice que estas son «abominación a Jehová, mientras que las pesas justas le agradan» (Prov. 20:23).

La balanza falsa es abominación al SEÑOR, pero el peso cabal es Su deleite.  Lo dice Proverbios 11:1

Miqueas, un profeta promotor de Justicia, que hablaba los políticos de su época , preguntó:  -¿Daré por inocente al que tiene balanza falsa y bolsa de pesas engañosas?  Miqueas 6:11

Retomando el interrogante inicial: ¿Estaba la Mano de Dios en el gol de Diego Armando Maradona?

Siendo una persona que ama a Jesucristo, ¿qué hubiese hecho usted?

Veamos lo que hizo otro famoso jugador de fútbol en una situación similar.  Esto sucedió en  la Liga Italiana, en el año 2012. Cuando se jugaba el minuto cuatro del partido entre el Napoli  y Lazio, el equipo que en ese entonces era visitante, tuvo un tiro de esquina (también conocido como corner). Hubo un centro cerrado y Miroslav Klose, jugador del Lazio, mientras era marcado por el argentino Hugo Campagnaro, metió la mano y desvió la pelota, que posteriormente se introdujo en el arco. El árbitro, Luca Banti, señaló dicha jugada como un gol.  ¿Pero saben qué hizo este jugador alemán? Inmediatamente después Klose dirigiéndose al árbitro, le pidió que lo anulara ya que lo había hecho con su mano, sin utilizar la excusa que fue realizado con la “mano de Dios”.

Sin embargo en “la Cultura del más vivo”, se lo celebraría de todas maneras. El insensato diría: “Es un tonto, si ya el árbitro lo había declarado que era gol, ¿para qué contradecirlo?  Pero, en la conciencia de Miroslav estaba el deseo de hacer lo correcto y no involucrar “la mano de Dios” en una acción fraudulenta.

Mis amigos, les aseguro que la cultura de honestidad comienza con cosas pequeñas y triviales, como estos goles fraudulentos. En este próximo mundial tendremos participando a un equipo que va por primera vez a esa gesta con un gol que nunca existió, por ese motivo los periódicos le llamaron “gol fantasma.”

Por favor, recordemos que las ganancias fraudulentas son agradables sólo por poco tiempo. Así lo afirma la Biblia: “Sabroso es al hombre el pan de mentira; pero después su boca será llena de cascajo” Proverbios 20:17.

Por último, finalizo con estas sabias palabras del gran apóstol Pablo: Procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres”Corintios 8:21.

Ernesto Pinto
Director de Encuentro
http://www.encuentro.ca

Escuchen algunos programas radiales:

Prog # 1093 No a la corruption

Prog # 1076 Necesito un mentor

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Las Estaciones de mi Vida

Algo que me encanta de vivir aquí, en Canadá, es que se pueden apreciar las cuatro estaciones con sus diferencias bien marcadas:
– La primavera
– El verano
– El Otoño
– El Invierno

En este momento estamos en una temporada, que sí bien disfrutamos de ver caer la nieve, no lo hacemos demasiado cuando la temperatura es inferior a  – 30″C. Durante este tiempo sabemos que no tenemos otra opción más que aprender a vivir y esperamos con ansias la llegada de la primavera y que todo se vea más vivo. En esta época los árboles se vuelven a vestir con nuevas hojas, las flores crecen en nuestros jardines y luego en el verano disfrutamos nuevamente del tiempo de barbacoa y de salidas a los parques para las comidas campestres.

Es que, durante el invierno, muchas veces sentimos que hemos estado inactivos o como dice el dicho popular “hemos estado hibernando como lo hacen los osos”.

Lo mismo sucede en nuestras vidas cuando experimentamos las diferentes etapas:
– La niñez
– La adolescencia.
– La edad adulta
– La Ancianidad.

En este momento me encuentro disfrutando de la tercera etapa y vienen a mi mente muchos recuerdos de las etapas anteriores de mi vida:

Primera etapa o temporada: La niñez

Puedo decir que esta ha sido una buena etapa en mí vida. Tal vez porque durante ella me sentía segura y aunque si bien como niños podemos tener dificultades en general no son graves preocupaciones, porque sabemos que es responsabilidad de nuestros padres protegernos y satisfacer nuestras necesidades.

Segunda etapa o temporada: La adolescencia

Aquí puedo decir con seguridad que es la etapa más difícil en la vida de cualquier persona. Durante este tiempo todo está cambiando: nuestros cuerpos, nuestras mentes. Creemos que durante esa etapa todo el mundo gira en torno a nosotros. Por eso algunos adolescentes se vuelven rebeldes.

Mi madre cuenta que yo era una niña rebelde, que cada vez que hacía algo malo, tenía que correr persiguiéndome para castigarme y que cuando se cansaba y no podía alcanzarme tenía que recoger unas piedras y tirármelas: Por lo general ella daba en el blanco y las piedras me llegaban.

Creo que para mi madre esta es la temporada de la que nos habla el versículo 5 de Eclesiastés 3: “Un tiempo para arrojar piedras, y un tiempo para recoger piedras”.

Tercera etapa o temporada: La adultez

Creo que esta es la temporada más crítica en cada persona porque es cuando tenemos que enfrentar muchas responsabilidades laborales, matrimoniales, familiares y con los hijos; y eso muchas veces puede abrumarnos. Durante este tiempo muchas personas entran en crisis porque no pueden aceptar que su vida ha cambiado.

Ahora me encuentro viviendo esta temporada y puedo decir que es muy maravillosa para mí porque me he casado con un hombre increíble. También Dios me ha bendecido con tres hijos formidables y ahora además cuento con mis nueras a quienes puedo disfrutar como a las hijas que no pude tener.  Además, tengo la bendición más preciosa, que son la vida de mis tres nietos.

Estoy viviendo esa edad en la que sé muy conscientemente que ya que no soy tan joven como hace tiempo atrás- Puedo darme cuenta que mi piel ya no es tersa como antes, que tengo diferentes problemas de salud que antes no tenía y lo más preocupante para mí es que he perdido el deseo de ir de compras. Algo que antes me encantaba hacer. Personalmente creo que quien está más contento por esto último es mi esposo, aunque tenga que comprar nuevas y más cantidad de cremas para evitar que se noten las arrugas.

Tal vez a muchas mujeres les suceda lo mismo, pero de todas maneras a mí me preocupa igual. Pero mejor continuemos hablando de las etapas en nuestra vida.

Hoy quisiera invitarlos a reflexionar en una historia de las Escrituras donde nos cuenta sobre la vida de una mujer. Y aunque la Biblia no nos habla de su niñez, sí nos cuenta desde que se casó y tuvo dos hijos.

Me refiero a Noemí y quiero invitarte a leer conmigo el capítulo 1 del libro de Rut:

“Y sucedió que en los días en que gobernaban los jueces, hubo hambre en la tierra. Y cierto hombre de Belén, Judá, fue a morar en la tierra de Moab, él y su esposa y sus dos hijos. El nombre de aquel hombre era Elimelech, el nombre de su mujer era Noemí, y los nombres de sus dos hijos eran Mahlón y Chilión, efrateos de Belén, en Judá. Y fueron al país de Moab y se quedaron allí. 3 Entonces murió Elimelec, el marido de Noemí; y ella se quedó, y sus dos hijos. 4 Y tomaron mujeres de las mujeres de Moab: el nombre de una era Orfa, y el nombre de la otra Rut. Y vivieron allí unos diez años. Entonces Mahlon y Chilion también murieron; entonces la mujer sobrevivió a sus dos hijos y a su esposo”.

Al principio mencioné que todos pasamos por etapas o temporadas en nuestra vida y cuando leo sobre la vida de Noemí, creo que muchas de nosotros podemos identificarnos con ella porque tuvimos que dejar nuestro país o nuestra familia. Al igual que algunos de nuestros antepasados que tuvieron que abandonarla en algún momento de sus vidas por diferentes razones (seguridad de sus vidas, hambre o persecución).

En el caso de Noemi, tuvo que abandonar su tierra junto a su esposo y sus dos hijos a causa del hambre. Fueron de Judá a Moab porque allí había comida. Pensaron que allí los tiempos eran buenos, que había abundancia mientras que en su tierra había hambre y mucha escasez.

Eso me hace pensar en nuestros hermanos y hermanas que dejaron sus países para venir a los Estados Unidos en busca de una vida mejor y ahora, quienes no pudieron arreglar su situación legal se enfrentan a la dura situación de tener que regresar a sus países debido a la decisión del actual presidente de devolverlos a su lugar natal.  Para muchos de ellos será difícil porque deberán regresar sin nada.

Volviendo a nuestra historia, para Noemí junto a su familia fue un buen momento, ya que en la tierra de Moab tenían comida. Ella tenía todo en la vida: un esposo y dos hijos; años más tarde sus hijos se casaron y ella llegó a tener dos hijas también. Sin duda esos fueron días prósperos para todos ellos.

¿Esta es la etapa de la vida en la que te encuentras?

Un tiempo después vemos que una nueva etapa o temporada toca la puerta de Noemí. Primero su marido Elimelec muere y poco tiempo después sus dos hijos. Quedando sola junto a sus dos nueras.

Seguramente ha sido un gran golpe para el corazón y la vida de esta mujer, como esposa y madre. Estos son los momentos en que nos preguntamos: ¿cómo puede algo tan hermoso y  tan bueno puede convertirse en algo tan doloroso?

Todo iba bien, tenían mucha comida, sus hijos estaban casados y ahora ella se encontraba viuda y sola.

¿Así es el escenario en el que te encuentras hoy?

Tal vez algunas de ustedes han enviudado y han estado solas tomando café y preguntándose, ¿y ahora qué? ¿Cómo continuaré con mi vida? Tal vez piensas que tu vida también ha terminado y en ese momento sientes que no ves la luz al final del túnel.

No quiero ni pensar qué me pasará, si mi esposo muriera antes que yo, es un sentimiento aterrador. En una situación así muchas preguntas vendrían a mi mente, preguntas como estas: ¿Qué pasará conmigo? ¿Cómo voy a sobrevivir? y muchas otras que pueden surgir en la mente de alguien que está pasando por algo así.

Si esta es la temporada en la que te encuentres, quiero darte las palabras que animaron a Noemí y estoy segura de que ella te diría: -Este no es el momento de colapsar, rendirse, desmoronarse; “este es el momento de confiar en Dios “.

Noemi se quedó sola con sus dos hijas.

¿Qué haría usted en esta situación?

Cuando todo se vino abajo, “Noemí aprendió a confiar en Dios”. En ese momento escuchó que el Señor le había dado pan nuevamente a la gente de Belén y decidió regresar. Ahora sola, se embarca en su camino, despidiéndose de sus nueras porque no esperaba que la siguieran porque sus maridos habían muerto y no había nada que las obligara a quedarse con ella.

“Y Noemí dijo a sus dos nueras: -Id, regresad cada una a la casa de su madre. El Señor te trate con bondad, ya que has tratado con los muertos y conmigo. El Señor conceda que pueda encontrar descanso, cada uno en la casa de su marido. Entonces ella los besó, y ellas levantaron sus voces y lloraron”.

Sus dos nueras no quisieron dejarla y le dijeron: “Seguramente volveremos contigo, a tu pueblo”. “Vuélvanse, hijas mías; vayan, porque soy demasiado vieja para tener un marido”.

Es durante esta etapa de la vida de Noemi que ella es vulnerable y se da cuenta de que ya no es joven. Sin embargo, las dos nueras comienzan a caminar con Noemí; los besa y las despide, les dice que vuelvan a la casa de su madre. Orfa decide hacerle caso y regresar, en cambio Rut decidió quedarse con ella (versículos 6-19)

Rut vio que Noemí era vulnerable; que no tenía a nadie que la cuidara. Así que eligió quedarse con Noemí y cuidar de ella.

En febrero muchas personas celebrarán el día de San Valentín o el día de la amistad. Cuando leo sobre Rut y Noemi, creo que entre ellas, además de la relación de familia tuvieron una relación de amistad porque solo uno que ama a alguien puede mostrar cariño  y compasión a los demás.

“En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia”. Proverbios 17:17 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Noemí había aprendido a confiar en Dios. Ahora debía aprender a confiar en otras personas. Antes dependía de su esposo y de sus hijos ahora dependería de su nuera Rut.

¿Cómo es la temporada en la que te encuentras?

Rut y Noemi caminaron juntas unas 70 millas polvorientas para llegar a Belén cuando se acercan a sus amigos, lo ven y se preguntan “¿No es esta Noemí? Y ella les responde, no me llames Noemi, llámame Mara porque el Todopoderoso ha llenado mi vida con amargura, fui con las manos llenas, pero el Señor me hizo volver sin nada” (versículo 21) Rut 1:21

Debe haber sido muy duro para Noemi regresar a casa así y saber que todos estaban hablando de ella.

Todos experimentamos momentos difíciles; pero tenemos que tratar de ver la mano de Dios trabajando a través de las circunstancias.

Dios proveyó comida en el camino, nada les faltó porque es soberano.

Él bendijo a Rut por su noble actitud hacia Noemí, cuidando de ella en todo momento. Dios vio el corazón de Rut y la bendijo dándole un esposo que tenía mucha abundancia. Rut ya no tendría que pasar escasez, porque tenía todo.

“Booz, pues, tomó a Rut, y ella fue su mujer; y se llegó a ella, y Jehová le dio que concibiese y diese a luz un hijo. Y las mujeres decían a Noemí: Loado sea Jehová, que hizo que no te faltase hoy pariente, cuyo nombre será celebrado en Israel; el cual será restaurador de tu alma, y sustentará tu vejez; pues tu nuera, que te ama, lo ha dado a luz; y ella es de más valor para ti que siete hijos. Y tomando Noemí el hijo, lo puso en su regazo, y fue su aya”. Rut 4:13-16

El Señor le dio a Noemí una nueva oportunidad en la vida para disfrutar de la bendición de una familia. Incluso en su vejez.

Qué historia más sorprendente de esperanza y restauración.

Quizás algunas de nosotros hoy nos sentimos solas; desesperadas por lo que estamos viviendo en el presente, pero quiero alentarte hoy a ser fuerte y confiar en el amor de Dios del que la Biblia nos dice.

“Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará”. Deuteronomio 31:6

Marina Pinto

Si deseas escuchar un programa radial para mujeres:

Una promesa extraordinaria

ESCRITO POR DR. JORGE SÁNCHEZ.

Tantos individuos hay que tienen buen corazón, pero no tienen los medios para cumplir lo que prometen. Personalmente, he dado mi vida para ayudar a otros a llegar a ser felices. Cuantas veces al ver niños mal nutridos me hubiese gustado prometerles: vengan mañana a mi oficina y les regalo un millón de dólares a cada uno.

Mi corazón es noble y mi deseo excelente, el único inconveniente es que no tengo los recursos financieros para cumplir lo prometido. Muchas veces el problema es a la inversa. Hay individuos que cuentan con los medios, pero no tienen ni la disposición ni el deseo de hacerlo. En consecuencia, el mundo en que vivimos es uno de frustraciones mayúsculas como resultado de promesas no cumplidas o quebradas.
Que distinto es cuando escuchamos hablar a Jesucristo. Al leer su vida encontramos que hizo centenares de promesas. Cada una de ellas más valiosas que la otra. Cada una de ellas diseñadas para colocar alas a nuestros sueños. Para ponernos a pensar que la vida feliz que todos anhelamos tener está al alcance de nuestras posibilidades.
¡Las buenas noticias es que cuando Jesús promete, él cumple! Porque a diferencia con nosotros, tiene todo el poder del universo, y además la disposición de darnos lo mejor. De todas las promesas que hizo cuando estuvo en la tierra, una de las más extraordinarias es la promesa de vida eterna. Jesús afirmó: “De cierto, de cierto, les digo: el que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a vida.”

Esta promesa es simplemente asombrosa. Primero, porque Jesús promete darnos vida eterna. ¿Quien se atrevería a prometer a otro algo para más allá de la muerte? Nadie, a menos que sea un demente o un estafador. ¿Quién sabe lo que nos espera del otro lado del frío río de la muerte? ¿Quien puede decirnos con verdad, que nos aguarda cuando pasemos por los portales de la eternidad? Sólo alguien que vive en la eternidad puede hablar de lo eterno. Jesús, prometió vida eterna porque es Dios. Por lo tanto, es el único que puede hablar con respecto al más allá y guiarnos con seguridad al otro lado de la vida. Cualquier otro que prometiese algo para más allá nos estaría mintiendo. Jesús dijo: Yo soy la verdad. El es la verdad final y siempre habló verdad absoluta. Un día confrontó a sus enemigos con la pregunta: “¿Quién de ustedes me puede acusar de pecado…?” Todos tuvieron que guardar silencio.

Jesús, cuando nos promete vida eterna es porque Él tiene todo el poder del universo para darnos vida eterna. Y no habrá fuerza humana o demoníaca que pueda oponérsele cuando él ha prometido hacer algo. Si esta misma promesa, hubiese sido pronunciada por cualquier otro ser humano no valdría absolutamente nada. Pero habiendo sido hecha por Jesús, vale más que todo el oro del mundo. Porque su palabra es verdad, y tiene como respaldo el poder que formó las galaxias. Y además, cuando Jesús promete cumple, porque nadie lo obligó a hacer esta promesa. La hizo porque le ama a usted y a mí, con amor eterno. Por lo tanto, esta promesa jamás dejará de cumplirse. ¡Tiene garantía absoluta!

Segundo, Jesús prometió darnos vida eterna. ¿Qué tenía en mente con esa expresión? Por supuesto, vida perdurable en la eternidad. Vida en amistad y comunión con Dios, viviendo por los siglos sin fin bajo su bendición. Pero, además, no sólo la esperanza de una vida gloriosa y sin sufrimiento en el cielo, sino también un anticipo en la tierra.
Cierto día le preguntaron a José R. Díaz si creía en el cielo. Este hombre que había sido un alcohólico empedernido, con una carrera de quince años en el crimen, contestó: “Creo, porque cuando Cristo entró en mi vida sacó el infierno que llevaba, y me dio el cielo que nunca creí que sería posible alcanzar. El transformó el odio a mi padre, en amor por todos”. Jesús dijo: “¡Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia!!!”. Cuando él promete vida eterna, nos otorga una calidad de vida que sobrepasa todo lo imaginable. No tenemos que esperar al cielo, comenzamos a disfrutarla ya mismo donde estamos.

Tercero, Jesús prometió que algo de valor tan incalculable como es la vida eterna puede ser poseído gratuitamente. ¡Asombroso! ¡Imposible! Dirá usted. Sin embargo, Jesús dijo: el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna. No dijo que teníamos que hacer algo, sino recibir un regalo por medio de la fe. Un regalo tan costoso que nadie podría comprar, y que nadie merecería recibir. Y sin embargo, Jesús nos ofrece su bendición mayor si estamos dispuestos a creer en él. A creer que él es Dios. Que él es el único que puede perdonar mis pecados. Que él es el único camino a Dios. Que él es el único mediador entre Dios y la raza humana. A creer que Cristo es mi salvador personal y mi único refugio en el día del juicio final. Que su promesa es todo lo que necesito para el día que deba comparecer frente a al creador que me dió la vida. Sí, sólo un acto de fe. El que cree tiene vida eterna. ¿Demasiado simple? ¿Demasiado hermoso para ser creído? Así son todas las promesas de Jesús. Demasiado extraordinarias para la mente humana. Pero nunca para un Dios extraordinario, como es quien nos dio la vida y anhela siempre nuestro bien supremo.

Cuarto, Jesús no sólo nos ofrece vida eterna, sino también la cancelación de todas las deudas que hemos contraído con Dios. Por esta razón dijo: “no vendrá a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida”. Todas las religiones inventadas por los hombres, se fundamentan en la idea de que tenemos que apaciguar a un dios airado y vengativo. Los aztecas y mayas ofrecían a su divinidad corazones humanos aun latiendo. En la actualidad algunos guardan ciertos días, otros se abstienen de ciertos alimentos antes de semana santa, otros aún no aceptan transfusiones de sangre. La lista es interminable. Pero siempre es el mismo razonamiento: yo tengo que ganarme algo. Si me sacrifico, Dios me tiene que ver con simpatía.

Cuando Jesús, ofreció vida eterna a cambio de un paso de fe, y prometió no condenarnos sino pasar de la muerte a la vida, no hizo una promesa a la ligera. Él sabía muy bien el precio que personalmente tendría que pagar para poder darnos lo prometido: morir sobre una cruz en medio del dolor y la vergüenza, cargando el castigo y el juicio de Dios que a usted y a mí nos correspondía llevar. Por eso, cuanto más analizamos esta promesa, tanto más extraordinaria llega a ser. Vida eterna, gratuita para usted y para mí, y sin embargo tan costosa para Cristo. ¡Qué promesa extraordinaria!

Cuando Jesús promete, él tiene todo el poder y la intención de cumplir. ¿Tiene usted la intención de recibir tal bendición? ¿De apropiarse semejante regalo inmerecido? ¡Vida eterna! ¿Ha creído en Jesucristo? ¿Lo ha recibido en su vida? ¿Puede llamarle “mi Señor y Salvador”?
Si nunca lo ha hecho, en este mismo momento puede hacer esta oración: “Padre nuestro, te doy gracias que me amas con amor eterno. Te alabo por haber enviado a tu hijo Jesucristo para morir por mí y darme perdón de todos mis pecados. Te confieso todo lo que tú ya sabes. Reconozco mi necesidad. Creo en ti Señor Jesús. Por la fe, te acepto en mi vida. Entra en mi corazón. Transfórmame con tu poder. Dame la vida eterna que prometes. Lo pido de corazón. En el nombre de Jesús. Amén”.

Desde nuestro ministerio ENCUENTRO ofrecemos ahora nuevos programas radiales llamados REALIDAD – Estudios Bíblicos por el Dr. Jorge Oscar Sánchez. Un programa semanal de 28 minutos. Si usted desea recibir estos programas en su estación de radio, por favor avísenos.

Escuchen aquí un programa con el pastor Jorge Sanchez:
http://www.encuentro.ca/media/Encuentro/Archivo%20de%20Programas/1182enc%20-%20Conozcamos%20el%20amor.mp3

 

Un acto de obediencia que acarrea bendición

Cuando me acerqué a esa cama de hospital noté que todo su vigor y toda su fuerza se habían desvanecido. En su lugar, un cuerpo consumido por un cáncer terminal habían hecho estragos en el organismo y la voluntad de mi padre…

Muchas veces esperamos que otros den el primer paso. Ya sea que tengamos o no razón o creamos tener verdaderos motivos para sentirnos ofendidos, lo cierto es que anhelamos que el/la “culpable” sea quien tome la iniciativa, “porque así corresponde”.

Encima de la ofensa: “¿tengo que ser yo quien vaya a pedir/dar perdón?”, eso NO ES JUSTO!! Nos decimos con frecuencia. Pero, ¿¿¿quién lo es??? Su Palabra dice que “no hay justo, ni aún uno”. Sólo Dios es fuente de toda JUSTICIA y SABIDURÍA, sin embargo, nos ofrece su amor y su perdón acercándose a nosotros sin importar nuestra condición, ni nuestra actitud, ni aún nuestro corazón.

Fue así como, lo que el enojo y el rencor habían separado durante más de 25 años, la relación de padre-hija se vio restaurada, en tan sólo algunos minutos, por medio de la obediencia y el perdón.

Ahora mi papá descansa en la Presencia del Señor y yo disfruto de una paz inigualable.

Mi meta es ser más como Él, más como mi Padre Celestial: más amorosa, más perdonadora, más misericordiosa y sobre todo mucho pero mucho más compasiva.

Sé que sola es imposible, pero con Su ayuda “todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

Dios siempre permanece fiel.

Un abrazo de su amiga y hermana en Cristo

Mónica E. Rosas
Colaboradora de Encuentro

21/1/18

Escuchen algunos programas de radio sobre el perdón:

El pañuelo del perdón
http://www.encuentro.ca/media/Encuentro/Archivo%20de%20Programas/1100enc%20-%20El%20panuelo%20del%20perdon.mp3

La opción del perdón
http://www.encuentro.ca/media/Encuentro/Archivo%20de%20Programas/605enc%20-%20La%20Opcion%20del%20Perdon.mp3

Los bananales y mi autoestima

Lo recuerdo como que si fuera ayer. Me sentía completamente exhausto, sudado mi pequeña cara sucia y enrojecida por el trajín y la fatiga del aquel día. Era mi tercer día de trabajo y apenas me estaba acostumbrado a aquel trabajo propio para hombres hechos y derechos. Ese día particularmente la inclemencia del sol y la humedad del ambiente hacia insoportable aquella finca bananera perteneciente a una trasnacional.

Siendo hijo de una madre soltera me toco comenzar a trabajar cuando apenas tenía once años. Te cuento esto porque en esa finca bananera, y ese día especifico en La Lima, Honduras, me sucedió algo que considero el punto de partida para encontrar mi destino de creer en los demás y servir al prójimo.

La “cuadrilla de campeños” como se le llamaban, estaba compuesta por seis adultos y dos niños. Yo era el menor de todos. Asumo que eran casi la una de la tarde porque uno de los campesinos se quejó diciendo: “Son más de las doce del mediodía y no nos hemos detenido para almorzar”.  Yo también estaba hambriento y cansado.

Fue ese día y en ese momento que nos detuvimos para comer, que un viejo y gastado campesino, me tomó por los hombros, me miro a los ojos y con una compasión que nunca olvidaré mientras viva, me dijo estas palabras que me devolvieron el ánimo, la dignidad y el deseo de volver a la escuela: “Muchacho tú no perteneces a estas fincas, tú eres demasiado inteligente para morirte en estos bananales.” Por primera vez un hombre me daba atención de padre. No sé lo que aquel buen hombre vio en mis ojos. Tal vez la desesperanza de un niño sin padre, tal vez la tristeza de un niño jugando a ser un adulto. No sé, pero lo que si sé que aquel “campeño”* se estaba arriesgando  a creer en mí.

Para mi este viejo casi analfabeto es un ángel, un enviado de Dios en un momento crítico en mi vida en el cual estoy despertando a la realidad de que la vida es dura y difícil. Sus palabras no solo me devolvieron esperanza, sino que me enseñaron que se vive mejor cuando pertenecemos al dolor de los demás. Sobraría contarte que ese día me sentí grande, el pecho no cabía en mi cuerpo. Fueron esas palabras y otras que me siguió regalando por mucho tiempo que me hicieron proponerme regresar al colegio y comprometerme a devolver esas palabras a otros/as que las necesitan.

Por otro lado, desde mis años de adolescente tuve la dicha de entregar mi vida a Cristo y consecuentemente fui llamado al servicio de mi Señor y Salvador.

Para disfrutar de la libertad del alma, es necesario ese encuentro con Cristo que te trae salvación y paz. Esta epifanía te lleva a desear conocer más de tu Señor a través de la Escritura Sagrada.  Unirte a los santos será una delicia. El salmista lo expresaba así: Mirad cuan bueno y delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía”. (Salmos 133:1) Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos.” (Salmos 884:10-12)

Para finalizar resalto:

  1. Mi agradecimiento a este campesino que creyó en mí y también al sentido de comunidad que aprendí en aquellas fincas bananeras.
  2. No olvidar que pertenecemos a una comunidad de creyentes y que esa comunidad tiene un cúmulo de experiencias que necesito como individuo para saber comportarme y relacionarme con los que me rodean. Cuando leo el libro de los Hechos en la Biblia me doy cuenta que la Iglesia es una comunidad en trasformación constante. Más tarde el escritor Pablo nos va a recordar esto acerca de la Iglesia: “Considerémonos los unos a los otros para estimularnos al amor y a las buenas obras.” Hebreos 10:24
  3. Otra lección que aprendí en la Comunidad de fe es: que “mi dolor” no es único. Reconozcamos que no somos los únicos que hemos padecido abusos, que el dolor que nos infringieron puede y debe ser atendido de la manera correcta para continuar con nuestras vidas. Y también Dios puede usar mi experiencia y mi vida restaurada para traer consuelo, empatía y comprensión más allá de nuestras propias capacidades.

Espero que Hoy tengas un ENCUENTRO con tu Salvador y experimentes Salvación y te unas a la Comunidad/Iglesia de Sanidad.  Esto es lo que te dice el Señor en este mismo instante: En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.”  (2 Corintios 6:2)

Que la gracia de Dios le acompañe.

Ernesto Pinto.   

*Campeño. Se le dice al campesino que trabaja en los campos bananeros de la costa norte de Honduras.

Escuchen mi testimonio # 465  “Ernesto testifica”

http://www.encuentro.ca/media/Encuentro/Archivo%20de%20Programas/465enc%20-%20Ernesto%20testifica.mp3

Esperanza segura

“Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió” Hebreos 10:23

Me escribió recientemente un Pastor de Cuba indicándome que las cosas en Cuba se hacen un tanto diferente y que para vivir allí se necesita la paciencia de Job, la fe de Abraham, la perseverancia de la Viuda y en algunos casos…se necesita la vida de Matusalén. ¡Todo esto se traduce en Esperanza!

Esperanza en la vida del creyente no es para pensar con ilusión, sino con seguridad y confianza total que lo prometido se cumplirá. Aquellas personas sin Cristo en su vida viven deseando que las cosas cambien o viven ilusionados que algún día ganarán la lotería o que algún Ángel se aparecerá para cambiar su situación. Pero no así los que tienen a Cristo en su vida.

¡No hay nada más agradable en el mundo que vivimos que una dosis de Esperanza! El Diccionario define la palabra Esperanza como: “Confianza en que ocurrirá o se logrará lo que uno desea” En mis propias palabras: “Esperanza es la gasolina de Dios que te mantiene en movimiento”.

Esperanza me trae recuerdos a mi mente:

1. Recuerdo la Fidelidad de Dios en el día de Ayer: Hago una lista de todas las cosas que Dios ha hecho en mi vida, y empiezo a estar agradecido. La actitud de gratitud es la emoción más saludable que puedo tener y esto a su vez me da esperanza. Hacer recuerdo del día de ayer es declarar que Dios lo hizo una vez y lo puede volver a hacer otra vez.

2. Recuerdo la Presencia de Dios en el día de Hoy: Me recuerdo a mí mismo que Jesus está conmigo ahora mismo. No estoy solo. Incluso cuando siento que estoy completamente solo, no lo estoy. Él dice: “Estoy aquí y te ayudaré, nunca te dejaré ni te desampararé” (Hebreos 13:5). Esta seguridad trae esperanza a mi vida para el día de hoy.

3. Me recuerdo de las Promesas de Dios para el día de Mañana: Hay más de 7,000 promesas para nosotros en la Biblia. Cada una es como un “cheque en blanco”. La Biblia dice si Dios es por nosotros, quien contra nosotros (Rom. 8:31), El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas (Isaías 40:29), mi Dios pues suplirá todo lo que os falte (Filip. 4:13), etc. Aprópiate hoy de estas y muchas otras que están en Su palabra.

Pastor Arnold Enns, Colaborador de ENCUENTRO

 

Oración de Fin de Año

Señor,

He meditado en todas las bendiciones
Que me has concedido este año.
Entre actividades, corridas, afanes y preocupaciones
El 2017 se ha ido volando.

Estos días he descansado y también he disfrutado mi familia.
Ahora ya en el silencio de tu Presencia,
La quietud del alma me anuncia la llegada de un Nuevo Año.

Señor,
Ya que Tú y yo estamos solos,
Con humildad vengo a pedirte para este 2018
Me des paz, fuerza y prudencia.
Virtudes que me ayuden a ver por encima de las apariencias.
Que pueda ser capaz de ver tu creación y a mi prójimo,
Como sólo Tú sabes hacerlo.

Señor por favor,
Entrena mis ojos para que, durante este nuevo año,
Pueda mirar al mundo con ojos llenos de amor.
Entrena mis sentidos para ser paciente, compresivo y prudente;
Y así, poder ver lo positivo con la lupa de la fe.
Entrena mis oídos para cerrarse a toda calumnia.
Enséñame a confiar en tu Palabra que dice que, a mis detractores,
Tú los confundirás.
Entrena mi lengua para decir la verdad aún en medio de los aparentes
beneficios de la mentira y la corrupción.
Entrena mi mente para que se deleite en pensamientos creativos,
Y que mi espíritu permanezca benévolo y alegre.

Por favor Señor,
Concédeme la bendición de tu Gracia, que en este nuevo año
Todos aquellos que se acerquen a mí, sientan Tu Presencia.

Revísteme de Ti Señor,
Que a lo largo de este año yo pueda mostrar tu luz y tu carácter.

Amén.
Ernesto Pinto

Junto a mi esposa Marina, les deseamos a todos nuestros lectores un Feliz y Bendecido Año Nuevo.