Anunciar el Evangelio hasta lo último de la tierra

Anunciar el Evangelio hasta lo último de la tierra, debiera ser la meta de todo Creyente. ¡Todos debemos tener alguna parte en este llamado glorioso! Todos debemos contribuir en una forma u otra. ¡Todos! Unos aportan apoyando con finanzas, otros orando y otros yendo. ¡Y todos juntos se gozarán por los resultados! 

En 1 Corintios capítulo 9, el Apóstol Pablo “defiende” los derechos de su apostolado, de su llamamiento. Él asegura de que hace su ministerio por haber sido llamado por el Señor y su única responsabilidad es con el Señor que lo llamó. Pero su ministerio era resistido por algunos que le acusaban de falsos motivos (v.3). ¡Este hombre quien resistió hasta la sangre por predicar el Evangelio fue acusado de falsa motivación! Él defendió su “derecho” de recibir alguna bendición, algún provecho de aquellos a los que servía, sin embargo, él rehusó esa ayuda económica para no ser “gravoso” a nadie. Él se consumió en su servicio a Dios y a la predicación del Evangelio invirtiendo su vida, su tiempo y sus talentos.  

¡Qué testimonio maravilloso para quienes servimos al Señor de una u otra forma! Aunque él insiste que “el Señor ordenó que los que anuncian el evangelio vivan del evangelio”, él está dispuesto a no “aprovecharse de nada ni de nadie”. 

En mi experiencia al visitar varios países alrededor del mundo, he observado que algunos pastores y misioneros “trabajan con las uñas”. Algunos de ellos (por no decir muchos de ellos) apenas reciben un estipendio magro, mínimo. Y mientras algunos miembros de sus iglesias tienen sus bienes, el pastor o el misionero vive prácticamente como un mendigo. 

¡Gracias a Dios que muchos de ellos “sirven de buena voluntad sabiendo que tendrán recompensa del Señor”, pero todavía es una vergüenza que aquellos a quienes sirven no sean capaces de aportar lo que deben para sostenerlos dignamente! 

A los que hemos sido llamados “nos ha sido impuesta esta necesidad” y debemos hacerla para el Señor, pero que gozo cuando todos juntos nos proponemos a hacer que el Evangelio avance hasta el último rincón del mundo.

Gracias, Señor, ¡por un llamamiento glorioso! ¡Gracias por mover nuestros corazones para que juntos hagamos llegar este Evangelio hasta donde nunca antes llegó!

¡Hasta que todos oigan!

Eliezer D. González 

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