El concepto de familia

Vivimos en una sociedad sin límites, sin embargo la familia sigue siendo el fundamento que nos sostiene a todos. Aunque hay gobiernos y agendas políticas que están tratando de redefinir el concepto de familia, nosotros debemos seguir levantando el fundamento de la familia que es el esposo, la esposa, y los hijos. Así que con todas nuestras fuerzas defendamos  el concepto de familia.

Una historia relata que una mujer se encontró con una lámpara y que un genio salió de aquella lámpara y la mujer le dice “Tengo un deseo que quiero que me cumplas”. “¿Cuál es?” dijo este genio. “Me gustaría visitar el Medio Oriente pero tengo miedo volar así que te agradecería que hagas un puente entre mi país y el Medio Oriente para ir por auto.”  El genio se le quedo  viendo y después de un rato le dice: “Es imposible conceder tu deseo, sería una catástrofe ecológica, imagínate cuanto cemento para hacer todo este puente hasta el Medio Oriente. Así que prepárate para pedirme otro deseo.”  Entonces la mujer le responde y le dice: “Bueno, entonces quiero un esposo, que me ame, que sea cariñoso, que no vea deporte cada fin de semana y que esté dispuesto a lavar los platos todos los días.” Después de unos segundos, muy preocupado el genio le dice: “Tráigame el mapa vamos a ver cómo hacemos el puente.”

Aunque muchos se ríen de estas historias, realmente las dificultades en los matrimonios son serias. Pero mis amigos, los matrimonios son la base  que Dios constituyó para construir la comunidad, la sociedad y en última instancia la civilización.

¿Cómo definimos el matrimonio? Algunos dicen: el matrimonio es la primera causa del divorcio. Alguien más lo definió: En el matrimonio hay 2 enemigos que duermen juntos. Pero en realidad el matrimonio como Dios lo instituyó es para ayudarnos mutuamente, para funcionar mutuamente. Es una sociedad. No somos enemigos que dormimos juntos aunque tenemos dificultades, aunque tenemos luchas.

Cristo lo propone de esta manera en Mateo 7:24 -27: “Por lo tanto, quien oiga mis enseñanzas y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que construyó su casa sobre la roca.  Llovió fuerte, los ríos crecieron, los vientos soplaron y golpearon contra aquella casa. Sin embargo, la casa no se cayó porque estaba construida sobre la roca. Pero el que oiga mis palabras y no las ponga en práctica, será como el insensato que construyó su casa sobre arena. Llovió fuerte, los ríos crecieron, los vientos soplaron y golpearon contra la casa. La casa se derrumbó y fue todo un desastre”.

Mis amigos son palabras del maestro, son palabras de Cristo que nos indica que debe haber un fundamento  para lo que llamamos familia.

Primer fundamento: En su palabra Dios nos enseña y dice: “Dejara el hombre a su padre y su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne.” Es importante que el hombre y la mujer dejen su padre y su madre, no es que les abandonen emocional o espiritualmente sino que físicamente comiencen su propio hogar. Los mismos pajaritos nos dan un ejemplo, ninguno de ellos comienza una relación si no tienen ya el nido formado. Lo mismo debería ser con nosotros. Debemos de tener nuestro propio hogar.

Numero 2: El matrimonio fue un diseño para que fuera una relación para toda la vida. Aun en estas etapas difíciles,  en estos “sube y baja” emocionales que tenemos todos los seres humanos. Romanos 7: 2-3  dice: “Por ejemplo, por la ley una mujer casada está sujeta a su marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley que la sujetaba a él.  Así que, si ella se une a otro hombre mientras su marido vive, comete adulterio, pero si su marido muere, ella queda libre de esa ley; de modo que, si se une a otro hombre, no comete adulterio”.

Nosotros sabemos que hay circunstancias donde se ha dado divorcio, no estoy hablando de esto, si no que la intención del principio es que el matrimonio sea de por vida.

Dios mira nuestra relación de pareja de una forma muy especial. Yo quiero que pongamos mucha atención en este punto. Hay un texto que me impresiona en Malaquías 2: 13-15: “Una y otra vez cubren de lágrimas el altar del Señor. Lloran y gritan, pero el Señor no volverá la mirada para ver sus ofrendas, ni las aceptará con gusto. 14 ¿Y se preguntan por qué? Pues porque el Señor ha visto que has sido desleal con la mujer de tu juventud, con tu compañera, con la que hiciste un pacto. 15 ¿Acaso Dios no los hizo un solo ser, en el que abundaba el espíritu? ¿Y por qué un solo ser? Pues porque buscaba obtener una descendencia para Dios. Así que tengan cuidado con su propio espíritu, y no sean desleales con la mujer de su juventud”.

Muy interesante texto que dice que podemos llorar en el altar, podemos clamar a Dios en el altar, sin embargo si somos desleales en nuestro matrimonio Dios no está dispuesto a recibir nuestras ofrendas ni nuestra actitud de agradecimiento. Dios honra nuestras ofrendas, Dios honra nuestra adoración cuando estamos dispuestos a honrar a nuestro conjugue. Entonces nuestras oraciones llegan a la presencia de Dios.

Como tratamos a nuestros hijos, como tratamos a nuestra esposa – es la verdadera ofrenda a Dios. Pedro lo dice de esta manera en su primer libro en capítulo 3:7: “De la misma manera, ustedes, los esposos, sean comprensivos con ellas en su vida matrimonial. Hónrenlas, pues como mujeres son más delicadas, y además, son coherederas con ustedes del don de la vida. Así las oraciones de ustedes no encontrarán ningún estorbo”.

Miren que importante. Nuestras actitudes hacia nuestro conjugue, nuestras actitudes a nuestros hijos es lo que nuestro Dios realmente valora como verdadera adoración. Son los fundamentos que encontramos allí. Si queremos encontrar familias sólidas, tenemos que vivir de acuerdo a estos fundamentos.

Siguiente fundamente: Así como Dios ordena a las esposas que se sujeten a sus maridos, también lo ordena a los esposos que amen a sus esposas. La sujeción y el amor están juntos. Es como un yugó que tiene 2 partes: sujeción y amor. Una mujer no se podrá sujetar a un hombre que no está dispuesto a amarla, a sacrificarse por ella, a tratarla con cariño, como vaso frágil, como un acto de adoración a Dios.

Veamos lo que dice Efesios 5: 25-28 “Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,  para santificarla. Él la purificó en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo como una iglesia gloriosa, santa e intachable, sin mancha ni arruga ni nada semejante.  Así también los esposos deben amar a sus esposas como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa, se ama a sí mismo”.

Nosotros tenemos que esforzarnos para que estos principios de vida que vienen de Dios moren en nosotros y nosotros podamos estar fundados sobre esta roca sólida y nuestro matrimonio realmente funcionará.

Otro texto que habla sobre el tema está en Colosense 3:19  “Ustedes los esposos, amen a sus esposas, y no las traten con dureza”.

Todos tenemos aristas que tenemos que limar en nuestro carácter, en nuestro comportamiento, pero cuando comenzamos a leer con seriedad estos principios que van a fortalecer nuestros matrimonios, entonces vamos a traer verdadera adoración a Dios. Por eso comencé con la palabra que encontramos en Malaquías que puede ser que lloremos en el altar, que hagamos tantas cosas por mostrarnos espirituales, pero si no honramos a nuestro conjugue no hay verdadera adoración a nuestro padre.

Cuando vivimos estos principios que surgen de la palabra de Dios, entonces nuestro compromiso empieza a ser sólido, nuestra actitud de comunicación se abre, el romance, el manejo de los conflictos se hace más fácil.

Es muy importante de que en este momento hagamos un análisis y nos preguntemos donde está el fundamento de nuestro hogar. ¿Está en los principios de Cristo Jesus que es la roca firme, eterna o están basados en los principios de la tradición, de la sociedad, de las agendas políticas? Es tiempo mis amigos que volvamos al corazón de Dios y en el corazón de Dios vamos a encontrar el corazón de la pareja.

Ernesto Pinto

Les invito a escuchar unos programas de radio:

 

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